Esperando a los Bárbaros

por Marieta

 

    Esta novela del escritor Premio Nóbel de Literatura 2004 J.M; Coetzee, fue publicada hace ya veinticuatro años pero su temática sigue conservando una notable actualidad y se diría que el tiempo solamente ha transcurrido en la fotografía del autor en la contraportada del libro.

   La trama se sitúa en un lugar no determinado: un pueblo fronterizo del Imperio dónde los rumores de ataque por parte de los bárbaros atraen una división de la Guardia Nacional.

     Es a partir de la aparición del Coronel Joll, del Tercer Departamento, la sección más importante de la Guardia Nacional, acompañado de varios soldados y de unos cuantos prisioneros en el, hasta ahora tranquilo y bien administrado, fuerte que empieza a surgir el terror, la violencia y la prepotencia, protagonistas de esta historia junto a la figura Magistrado.

     El Magistrado, persona que conoce bien el lugar y a sus habitantes, no cree en la peligrosidad de los pescadores capturados, ni cree tampoco que tengan nada que ver con los llamados bárbaros, pero debe contemplar los métodos implacables del coronel y lamentarse de su incapacidad para disuadirle de una nueva expedición al objeto de capturar más prisioneros para escarmiento y castigo de unos, casi invisibles, enemigos.

    El punto dramático de la obra se apoya en la diferente manera de pensar y de actuar del Magistrado y del Coronel. La conciencia del primero se ve trastornada y empieza una reflexión sobre la legalidad de aniquilar costumbres ancestrales y maneras de vivir de los primeros habitantes de aquellas difíciles tierras. La civilización que representa el Coronel Joll arrasa lagos, desertiza cultivos, quema bosques y el Magistrado ve claramente la ruina de todo lo que, desde su adolescencia, ha significado su vida, y sobre todo, ve el daño moral que las pretensiones del Tercer Departamento ocasionaran a su pueblo.

     El Coronel cree que tiene el deber de acabar con la barbarie; siembra la propaganda de la brutalidad de los

bárbaros y llena de prisioneros unas instalaciones que no habían sido construidas para albergarlos.

      Narrada en primera persona, los sentimientos, las torturas, el terror,  la tristeza, van emergiendo con un estilo fluido, sin caer en la retórica y la tensión va aumentando a medida que avanza la novela.     

     Entre los prisioneros capturados, el Magistrado observa a una muchacha con los rasgos y facciones características de una tribu bárbara; anda apoyada en unos bastones y está casi completamente ciega. Poco a poco, sabremos que estas lesiones son la consecuencia de las torturas impartidas por el Coronel.

      El Magistrado toma a la muchacha bajo su protección. Como si de un ritual se tratara, le cura las heridas, la instala en su casa, duerme con ella, pero algo le impide poseerla. Cuando la estrecha en sus brazos, su cuerpo no responde al deseo erótico, y el hombre piensa que es debido a su declive sexual a causa de la edad, sin embargo, sabe que con la muchacha de la posada este problema no existe y, algunas noches, huye de los brazos de la joven bárbara para correr a culminar el acto sexual con la prostituta.

     El punto álgido de esta novela llega en el momento que El Magistrado decide emprender el viaje para devolver a la muchacha ciega con los suyos y, con una prosa brillante pero sin adornos superfluos, Coetzee nos sumerge en este duro territorio, nos conmueve con la cadena de horrores y humillaciones en que se ve sometido el Magistrado a su regreso de tierras bárbaras y la novela culmina conseguido el propósito de denunciar situaciones que solamente la prepotencia y la arrogancia del hombre pueden llevar a cabo.

    Esta es una novela donde la esperanza parece derrumbarse, aspecto constante en la obra de Coetzee, como lo es también el tema del declive del ser humano y el pesimismo, pero el autor posee una fuerza extraordinaria y magistralmente, con escenas cortas y de apariencia fría, nos sumerge en las situaciones que nos llevan a la reflexión y a escarbar en nuestras conciencias.   

Traducción : Concha Maella y Luis Martínez Vitorio

Ed. Alfaguara Literaturas.  

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