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Bitácoras Café de Artistas
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Edno Azzuri ¨¨¨

Registrado: 08 Apr 2005 Mensajes: 64
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Publicado: Fri Oct 21, 2005 10:18 am Asunto: VIDA |
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Hoy me he levantado con la sensación de estar muerto. No podía mover ni las piernas, ni los brazos, nada, sólo los ojos de derecha a izquierda y vuelta a empezar. Veía las paredes de la habitación de mi cuarto: enfrente, el castillo de Luis II, una reproducción que compré en un viaje por centro Europa, la ventana a la derecha y a la izquierda un tablón de corcho con papelitos llenos de notas. Si fuerzo la vista hacia arriba veo una reproducción, mala y barata, de un cuadro de Lucien Freud. Pero no, no estaba muerto, lo cual es evidente ¿por qué si hubiese muerto durante la noche, cómo podría escribir ahora esto?. Al final me he levantado y he hecho lo que suelo hacer todas los despertares desde hace ya muchos años. A saber: he orinado, me he mirado en el espejo durante un buen rato, me he lavado la cara y he desayunado. Mi desayuno consiste, también casi siempre, en un vaso de leche fría y un par de magdalenas de las pequeñas. Me fumo un cigarrillo sentado en la mesa de la cocina, con la taza vacía y sucia, la cucharilla y los papeles de las magdalenas. Apago el cigarrillo usando los restos de la leche. Me lavo los dientes, me ducho, me visto, me miro por última vez en el espejo antes de salir a la calle. Como soy un hombre maduro –digamos que ya no cumpliré los cuarenta- camino por las calles hasta la oficina con el aire arrogante de quien ya lo ha hecho todo. Mentira, es sólo impostura, en realidad, nunca he acabado nada, mejor dicho, en realidad nunca he empezado nada, Tras el traje oscuro, la camisa clara y la corbata de colores claros se esconde un gilipollas, yo.
El del quiosco de prensa me da el mismo periódico que me lleva dando los últimos años. Cuando le pago, siempre con el dinero justo para evitar las esperas, me desea buenos días. No sé como se llama, no me importa. De mi casa a la oficina, aún parando para comprar el periódico, tengo un paseo, a paso enérgico pero sin llegar a esa forma de caminar atlética que algunos usan para aparentar una edad que no les corresponde, de unos diez minutos. No pienso en nada en todo ese tiempo y, algunas veces, me sorprendo entrando en el edificio sin saber cómo he llegado hasta allí. El portero, un hombre cargado de espaldas y con una expresión de asco en la cara, me saluda moviendo la cabeza, En el ascensor suelo leer, si no hay algún conocido con el que me veo obligado a hablar por educación, la primera página del periódico. Cuando estreno alguna camisa, una corbata o una americana me suelo mirar en el espejo, pero eso ocurre pocas veces. Salgo del ascensor y atravieso un pasillo pintado de un verde deprimente y con cuadritos abstractos aquí y allá. Mi despacho esta al final de ese pasillo y al final de una sala con cinco mesas. Todas las mañanas me siento, enciendo el ordenador, abro el periódico, devuelvo los saludos de los que van llegando, garabateo, con una pluma que fue un regalo, y suelo acabar la jornada ensuciando entre diez y treinta folios. Procuro no hablar por teléfono y las llamadas que me hacen las atiendo sin ninguna pasión, ya sena privadas o laborales. Mi madre me llama de vez en cuando para saber como estoy, como me encuentro. Mis hermanos sólo me llaman en navidades o por mi cumpleaños. Alguna mujer me llama para decirme lo mucho que me quiere pero que siente abandonarme. El director también llama, un par de veces diarias, pero más como una señal de poder y dominio, como un felino marcando su territorio. Suelo pedir, una vez por semana, algunos datos que leo con detenimiento durante unos minutos y hago como si tomase nota, pero sólo garabateo. A las dos me voy a comer a una cafetería y suelo desdeñar cualquier intento de conversación social incluso con la camarera, una argentina grandota y morena. Vuelvo a la oficina sobre las tres y apuró hasta la cinco entre la pantalla del ordenador y la ventana que da a la calle, ninguna de las dos cosas me interesan.
Todo transcurre de esa manera durante todas los días de lunes a viernes, hay pequeños cambios de vez en cuando apenas molestos.
Los sábados me levanto un poco más tarde pero el ritual es el mismo y sólo la ropa, algo más informal, cambia. Antes iba a pescar a un lugar hermoso a unos ochenta kilómetros al norte, pero desde que el sitio salió recomendado, por la bondad de su pesca y la belleza del paraje, en una revista y comenzaron a llegar otros pescadores, he dejado de ir. Un día al volver, de una de esas jornadas de pesca, deje los aparejos en el trastero y ahí siguen. Alguna vez voy al cine solo. Alguna vez ceno solo fuera de casa. Alguna vez viene una mujer a casa, tomamos unas copas y picamos algo y acabamos en la cama porque es lo que se espera de nosotros. Alguna vez una de esas mujeres me ha dicho que me amaba pero tras la tercera o la cuarta cita, no he vuelto a saber nada de ella. Antes tenía amigos, conocidos, incluso tuve un perro que sacrifique, pero hace mucho tiempo que no los recuerdo. Una vez, una noche, quemé todas las fotos que tenía por casa. Mis fotos de niñez, de adolescencia. Las fotos con mi familia, con mis amigos. Las fotos de los viajes y de las reuniones y fiestas de la empresa. Las quemé esperando, que con ese gesto, mi vida hasta entonces también ardiera con ellas, pero no fue así, sólo ardieron las fotos y todo lo demás sigue conmigo. No me siento mal ni bien, el médico que vigila mi salud es optimista y asegura que viviré cien años pero nunca le pregunto para qué quiero vivir tanto tiempo.
Los domingos ocupo las mañanas en leer la prensa y ver el fútbol por las tardes. Hubo domingos en que, después de volver a casa con los periódicos, no me volví a levantar del sillón ni siquiera para comer o para ir al baño. Acabe meándome encima y con hambre. Una vez, en uno de sus domingos apáticos, dos muchachos norteamericanos, rubios y sonrosados, quisieron que les comprará un libro sobre ángeles y dioses. Cuando uno de ellos, el más bajo y con el pelo de un color más ceniza que rubio, vio la mancha de orín en mis pantalones, se disculpó nervioso y ambos se fueron. Se olvidaron el libro y aunque les grité por la ventana para que subieran a por él, aún sigue por ahí, pero no sé donde. Esto de los domingos no es frecuente, sucede muy de tarde en tarde.
Hoy me he levantado con la sensación de estar muerto. |
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Radelassi ¨¨¨

Registrado: 11 May 2004 Mensajes: 145
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Publicado: Fri Oct 21, 2005 4:15 pm Asunto: |
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Muy bien Edno. Ese estilo frío y directo te favorece, como el traje a los cuarentones bien llevaderos. De las miserias mejor no hablar, ni de la vida tampoco; lo literario ya digo, muy bien.
Radelassi.
PD.: hay un baile de letras en una palabra, pero te jodes y lo buscas. |
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Edno Azzuri ¨¨¨

Registrado: 08 Apr 2005 Mensajes: 64
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Publicado: Fri Oct 21, 2005 5:56 pm Asunto: RADELITO |
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Jajajaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, ¿qué es la vida sin estos amigos tan cabrones?.
Viva la amistad hispano marroquí
pd eso último lo he puesto porque me ha salido de los coj... |
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malu ¨¨¨

Registrado: 26 Mar 2005 Mensajes: 128
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Publicado: Mon Oct 31, 2005 5:07 pm Asunto: |
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Me debes un café , que lo sepas
Malu _________________ malu sin acento |
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Edno Azzuri ¨¨¨

Registrado: 08 Apr 2005 Mensajes: 64
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Publicado: Tue Nov 01, 2005 8:02 pm Asunto: Un café, un helado... |
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Cuando quieras te invito. ya lo sabes
Edno |
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malu ¨¨¨

Registrado: 26 Mar 2005 Mensajes: 128
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Publicado: Sun Nov 20, 2005 1:08 pm Asunto: |
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Cada vez me gusta más leerte, a pesar de que me debas ya 8? caféssss
Un beso gordo
Malu
(Cuelga algo en el foro, hazme caso---) _________________ malu sin acento |
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