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Bitácoras Café de Artistas
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Edno Azzuri ¨¨¨

Registrado: 08 Apr 2005 Mensajes: 64
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Publicado: Wed Feb 22, 2006 5:58 pm Asunto: AL FINAL DOS HOMBRES QUE HABLABAN DE AMOR |
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Había dejado a su mujer por otra mujer y esta le había dejado a él. Aún tenía algo de dinero porque había vendido su empresa y aunque había transferido una cantidad importante a su cuenta familiar, aún tenía bastante efectivo en la cartera y un poco más en cheques conformados. Salió a la calle, buscó un supermercado y luego miro en las hileras de estanterías hasta que vio el rotulo que tenía escrito BEBIDAS ALCOHOLICAS, PROHIBIDA SU VENTA A MENORES. Cogió dos botellas de vodka. La cajera le sonrió al pagar. Abrió una de las botellas y se tumbó sobre la colcha azul celeste de la cama. Bebió en un vaso que encontró sobre la repisa del cuarto de baño. La primera botella se vació al cabo de unos pocos minutos. Bebió con determinación, como si fuera un trabajo serio y responsable. La segunda quedo mediada cuando se durmió.
A la mañana siguiente contó todo el efectivo y los cheques y cuando supo lo que en realidad le quedaba, miró las fotografías que llevaba guardadas. En una, su mujer y sus dos hijos sonreían a la cámara, detrás de ellos se veía una bonita montaña verde con el pico nevado a pesar del sol que iluminaba los rostros de su familia. Recordó que aquella foto estaba hecha en un puerto de montaña, que se habían alojado en un bonito hotel de madera, en dos habitaciones.. En otra de las fotografías, él mismo, con una camisa de cuadros de manga corta, saludaba como un militar. No recordaba porque saludaba de esa forma pero podía oír las carcajadas claras de sus hijos cuando lo hacía, así que, después de haber terminado con la foto, siguió un buen rato repitiendo el gesto hasta que sus hijos se tiraron por el suelo muertos de risa. Tal vez por eso llevase esa instantánea en la cartera, porque era capaz, por sí sola, de evocar las risas puras de sus hijos. En la última foto aparecían los cuatro, serios, esbozando una sonrisa obediente a la orden del fotógrafo. Los niños aparecían resplandecientes, limpios y peinados. Su mujer hermosa. El, con un elegante traje, era quien había conseguido la sonrisa menos artificial de los cuatro pero, si se miraba con detenimiento, podía ver claramente que era el menos inocente de todos. Rompió las fotos en pedazos minúsculos, una y otra vez, hasta que no pudo hacerlos más pequeños y luego los tiro por el retrete.
Pidió el teléfono en la recepción y llamó a Clara. El sonido de la llamada se repitió durante un buen rato y podía imaginarse como sonaba en la casa vacía. Colgó. Comió un filete y una ensalada y bebió dos cervezas heladas. Al ponerse el cigarrillo entre los labios rozó con la palma de la mano el rastro de su barba y se sintió innecesariamente sucio y abandonado. Antes de salir del bar volvió a telefonear a Clara pero tampoco esta vez nadie cogió el teléfono.
De nuevo en su habitación se duchó, se afeitó y terminó la botella de vodka pero no pudo dormirse porque no estaba suficientemente borracho. Anochecía y entraba un poco de aire fresco por la ventana abierta. Estaba desnudo sobre la cama y sintió una erección creciente y ese gesto involuntario le bastó para marcar de nuevo. Esta vez pudo oír la voz suave de ella al otro lado.
- Clara, soy yo.
- Vuelve con tu mujer, con tus hijos.
- No puedo, ahora no puedo.
- ¿Y qué quieres que haga? Dime ¿qué quieres que haga yo?
- Quiero que vuelvas, quiero que sigas conmigo.
- No, ya te dije que esto se había acabado, te dije que no debíamos haberlo empezado. ¿No es eso lo que te dije?.
Estuvo un rato con el auricular pegado a la oreja, oyendo el zumbido de la línea vacía. Creía seguir oyendo su voz sólo que ahora le decía que si, que volvería, le pedía la dirección del hotel, le decía que esa misma noche llegaría allí, que estuviese preparado, que debía perdonarla o, mejor, que no dijera nada, que no hiciera nada, que se dejara hacer. Cuando colgó sonreía y durmió toda la noche con la sonrisa en la boca.
El puente es moderno, de hormigón y de acero, largo, tanto, que de lejos, parece demasiado estrecho para que pasen dos coches al mismo tiempo pero sólo es una percepción óptica porque el puente tiene dos carriles en cada dirección. Lleva la radio encendida en una emisora de música antigua y aunque no pone atención a las canciones, se sorprende tarareando y siguiendo el ritmo con los dedos sobre el volante. Hace mucho calor y tiene la camisa pegada al cuerpo, la espalda pegada al asiento. Cuando comienza a atravesar el puente a ciento veinte por hora, treinta kilómetros por encima de la velocidad permitida, enciende un cigarrillo. Quiere llegar a la siguiente ciudad antes de que anochezca, buscar un hotel, cenar algo, beber e intentar convencer a Clara para que vuelva a su lado. Quiere llevarla a París tal y como prometió cuando se conocieron, también conocer juntos Viena y Praga. El ya conoce todas esas ciudades pero supone que volver a ellas con Clara será como verlas de nuevo o verlas de una manera diferente, con unos ojos distintos. No recuerda haber hablado de Praga ni mucho menos de Viena con ella, sin embargo sí que recuerda haberlo hecho de París. Describió como podían navegar el Sena mientras cenaban en unos de esos barcos de fondo plano, como podrían pasear por Le Marais abrazados y felices y como la gente pensaría que acababan de enamorarse aquella misma tarde. Aún oía su risa cuando él imaginaba esas cosas, aún estaba enamorada y creía en todo lo que él decía, creía que París, sin ellos, era prácticamente una ciudad soñada, fantaseada.
El hotel es pequeño, dos plantas, seis habitaciones por planta. Una mujer atiende tras el mostrador de recepción. No hay mucho movimiento y la mujer toma los datos con parsimonia. Cuando le devuelve el carné le da una llave grabada 2-6, habitación seis de la segunda planta, explica ella. Si, tiene teléfono pero debe hacer la llamada a centralita sí quiere llamar fuera de la ciudad. La habitación es muy pequeña. Una cama de noventa. Una mesa con un cajón y una silla. Una mesilla con una lamparita triste que da una luz amarillenta. Levanta el auricular oye la voz de la mujer de recepción. Pide el número y espera. Suena pero es la recepcionista que dice que nadie contesta pero que insistirá. Cada quince minutos, más o menos, la mujer le dice que nadie contesta en ese número y él le dice que deje de intentarlo.
El pueblo es pequeño y el hotel esta en la calle principal. Mucha gente pasea ahora que ha anochecido y corre el aire. Hay muchos bares, todos parecidos y todos llenos pero encuentra uno medio vacío en una calle lateral y cena allí. El sitio y el camarero parecen agradables y la comida es buena.
- Desde que hicieron la nueva autopista y abrieron el puente ya nadie para por aquí, ¿para qué?.- dice el camarero cuando el acaba de cenar y pide un café.
- Pues se veía animación en la calle.
- Claro, es lo único que uno puede hacer en este pueblo, pasear arriba y abajo con la mujer y los chicos, nada más. Y, usted, ¿esta por negocios o tiene familia aquí?.
- Ni una cosa ni otra, estoy huyendo.
- ¿Huyendo?¿Huyendo de qué?
- No lo sé, no sé de que huyo, no tengo ni idea pero llevo ya unos cuantos días de un lado para otro.
- ¿Y cuando piensa dejarlo?
- Tampoco lo sé, cuando se me acabe el dinero o cuando llegue algún sitio en el que pueda quedarme. No lo sé, tal vez busqué trabajo en otra ciudad y empiece de nuevo..
- Una mujer. Esas cosas, los hombres, siempre las hacemos por una mujer.
- Una mujer, eso es. Pero no es difícil adivinarlo porque siempre son las mujeres, ¿verdad?
- Así es, las mujeres nos hacen felices, pero la felicidad nunca dura demasiado.
- Si, alguien me dijo que la felicidad es sólo un lugar de paso, como un hotel en el que se puede estar durante un tiempo pero en el que nunca acabaras viviendo.
- Tal vez, en este viaje, encuentre un sitio donde pueda quedarse.
- Tal vez.
Ya no dijeron nada más porque habían entrado algunas clientes y se despidieron con una mirada. Habían sido durante unos minutos dos hombres que hablaban de amor, aunque ni una sola vez hubiesen dicho esa palabra. Mientras volvía al hotel pensó en Clara y lo hizo con el convencimiento de que sería la última vez y que mañana, cuando volviese a la carretera, podría encontrar un lugar donde olvidar y empezar de nuevo. |
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malu ¨¨¨

Registrado: 26 Mar 2005 Mensajes: 128
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Publicado: Sun Mar 12, 2006 8:30 am Asunto: ey |
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yo soy una experta en la huída hacia adelante,
Besos
Malu _________________ malu sin acento |
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Edno Azzuri ¨¨¨

Registrado: 08 Apr 2005 Mensajes: 64
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Publicado: Sat Mar 18, 2006 8:59 pm Asunto: Re: ey |
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| malu escribió: | yo soy una experta en la huída hacia adelante,
Besos
Malu |
Malu, Malu, cuanto se te echa de menos por aqui.
Por cierto lo mío es peor, querida, yo soy un puto especialista en la huída hacia ¡atrás!. |
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malu ¨¨¨

Registrado: 26 Mar 2005 Mensajes: 128
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Publicado: Sun Mar 19, 2006 6:25 am Asunto: |
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pues seguro q coincidiremos en un punto del camino
Besos
MALU _________________ malu sin acento |
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