 |
Bitácoras Café de Artistas
|
| Ver tema anterior :: Ver tema siguiente |
| Autor |
Mensaje |
Edno Azzurri Invitado
|
Publicado: Thu Apr 14, 2005 3:05 pm Asunto: A UNA MUJER APASIONADA |
|
|
A UNA MUJER APASIONADA
Querida mía:
Ahora que ha pasado un tiempo desde que decidí que ya no podía vivir contigo, me siento con fuerzas para escribirte esta carta.
La culpa la tiene ese apasionamiento tuyo por todo, esa pasión desbordante con la que emprendías cualquier empresa, por nimia que fuera. Coleccionabas porcelana de Sargadelo, “affiches” viejos de programas de cine, zapatos de tacón de aguja – aquí he de decirte, que entre otras cosas, eso si que lo hecho de menos – o cualquier otro asunto, con un apasionamiento que rozaba lo obsesivo. Si preparábamos un viaje tú lo hacías con la precisión de un relojero, me consultabas todos los detalles, calculabas milimétricamente el consumo de gasolina del coche, los libros que deberíamos llevar con nosotros, las toallas, la ropa necesaria; en fin, todo. Incluso una cita con amigos comunes para una cena banal era para ti un propósito que te exigía la meticulosidad del entomólogo.
Ya sé, tu misma lo has dicho muchas veces y yo siempre lo intuí, que cuando nos conocimos – aquella noche en aquella fiesta de navidades, yo no podía apartar mi mirada de ti, de esos hombros dibujados al carboncillo, de ese perfil de pájaro de tu cuello. No podía.- tu te apasionaste como si fuera la vez primera que te enamorabas. Intenté, en muchas ocasiones, en sitios distintos, hacerte comprender que nos separaba un tiempo que acabaría por dañarnos – yo acababa de cumplir cuarenta y siete años y tu estrenabas la treintena – hacerte ver que yo estaba acostumbrado a vivir solo, que era un maniático de todo lo mío, de mi egoísmo, incluso de mi inseguridad para cumplir contigo en la cama. Pero nada servía, me desbordabas continuamente con tu risa preciosa, con ese entusiasmo que ahora te reprocho y asentí a todas tus proposiciones: a vivir juntos, a cederte un sitio en mi soledad, a esforzarme en la cama por encima de mis posibilidades físicas. Es cierto, que todo aquello tuvo algo bueno, me sentía vivo con todas esas cosas tuyas, me sentía bien en definitiva.
Cualquiera me tomaría por un hombre dichoso, por alguien que ha alcanzado la felicidad o al menos la ha rozado. Cualquiera, y tal vez deba ser así, pero esa pasión tuya, ese apasionamiento acababa por debilitarme, era como si tu pasión ante cualquier cosa me robará mis escasas fuerzas, mi poca disposición a emprender cualquier tarea. Yo siempre fui apático, conformista, poco exigente ante todo. Soy de los que deja hacer al destino sin poner demasiadas trabas, de los resignados pero tenía un grado de pudor que me impedía dejar de acudir a mis citas, olvidar mis amigos, incluso respirar. Al principio tu pasión fue, incluso, buena. Para alguien que roza la holgazanería tú eras una excusa para abandonarme aún más, dejaba en tus manos, con la seguridad de que harías lo justo y necesario, casi todos nuestros asuntos, casi todos mis asuntos.
Pero, querida mía, tu pasión acabo por dejarme exhausto por simple empatía. Cuando tu iniciabas alguna nueva tarea, yo, automáticamente, buscaba un rincón donde refugiarme, desde donde observarte ir y venir, entrar y salir, con esa facilidad para no cejar nunca. Si, tu apasionamiento acabo con lo nuestro. Al principio, mientras dormías, observaba la curva de tus pechos, el mohín infantil de tus labios, la forma en que cerrabas los puños o el desorden de tu pelo sobre la almohada. Aquello me servía para afianzarme a ti, para no huir de tu entusiasmo. Oír el sonido de tu respiración evitaba el naufragio que preveía, hacerte el amor era un ancla que me ataba a ti. Me gustaba cuando cansada de maquinar decidías sentarte a leer, contemplaba tus posturas, la forma de mover los ojos, de pasar las páginas, de mover los labios – eso lo hacías cuando no comprendías algo, como si por el hecho de leer en voz baja te hiciera comprender el texto, aunque lo negases con vehemencia. Me gustaba tu risa, la forma en que enseñabas tus dientes y arqueabas el labio que era cuando más niña eras, cuando más te amaba.
Te dije muchas veces, habían transcurrido algunos meses, que debías serenarte, calmarte. Tu no lo entendías y yo te explicaba que aquel ajetreo tuyo ante cualquier cosa, me dejaba roto, sin fuerzas para nada. Pero te reías, reías y me decías que estaba viejo, que me volvía loco. Tal fuera verdad, después de todo y el problema fuera sólo mío. Sentía que me alejaba poco a poco y no podía hacer nada. Acumulabas tarea tras tarea, miedosa de quedarte sin perspectivas de futuros esfuerzo, buscabas cualquier excusa para apagar aquel arrebato y yo, que anhelaba los tiempos en que desfallecías, enmudecía, retraído ante tu fuerza. Me obligabas, entonces, a sentarme a la mesa y escribir, sin importar que fuera bueno o malo, sin importar mi falta de ganas, mi abulia. Me animabas como una forofa, como una admiradora, pero sólo era una exigencia para que fuera más como tú que como yo mismo.
No ocurrió de repente, estas cosas gozan de las cualidades pacientes de la geología, pero los dos nos dimos cuenta de que nos acercábamos al final. Como siempre tu fuiste más valiente que yo, más dispuesta y una tarde, cuando llegue a casa ya tenías empaquetadas tus cosas. Lo supe incluso antes de abrir la puerta, un pálpito, algo, me dijo que te ibas. Ver las maletas ocupando el descansillo sólo fue la confirmación del fracaso. Comencé a echarte de menos desde momento y comprendí que, de nuevo, acababa de naufragar.
Ahora, desde esta isla imaginaria que es la mía, puedo añorarte y desearte, de hecho lo hago más de lo que puedas imaginar, pero tu aquí te aburrirías enseguida es una isla pequeña con pocos alicientes, pero, curiosamente, yo siempre naufrago en ella. |
|
| Volver arriba |
|
 |
Raquel ¨¨¨

Registrado: 03 May 2004 Mensajes: 49
|
Publicado: Wed Apr 20, 2005 5:52 pm Asunto: |
|
|
...
Última edición por Raquel el Thu Feb 01, 2007 11:44 am, editado 1 vez |
|
| Volver arriba |
|
 |
Edno Azzurri Invitado
|
Publicado: Thu Apr 21, 2005 10:01 am Asunto: Una contestación para Raquel |
|
|
| Raquel escribió: | Debo ser muy poco apasionada porque no me parezco en nada a esta mujer, ni siquiera en las colecciones (las mías son de cajas, entre otras), los zapatos de aguja los odio; los viaje nunca los organizo, el equipaje queda para el mismo día; ando en reserva continuamente, el coche quiero decir, y así, todo. Toda un iceberg por lo que veo.
Y eso que aún no han salido a relucir los armarios, ni los cajones, ni... mejor no seguir.
¿Crees qué naufragaría? La verdad es que los zapatos de aguja no se hicieron para una isla, en todo caso unas playeras. Lo mejor, descalza. |
Bueno aquella mujer apasionada lo era de otra forma a ti, pero la pasión se manifiesta de muchas maneras (en mi caso la soy un apasionado desidioso -aunque sea una contradicción-). Respecto a lo de naufragar yo, la verdad, estoy loco por hacerlo y si pudiera ser una isla desierta y de arenas blancas tanto mejor... |
|
| Volver arriba |
|
 |
pilar ¨¨¨

Registrado: 08 May 2004 Mensajes: 39
|
Publicado: Tue Apr 26, 2005 3:16 am Asunto: ... |
|
|
...
Última edición por pilar el Wed Mar 01, 2006 3:11 am, editado 1 vez |
|
| Volver arriba |
|
 |
Edno Azzurri Invitado
|
Publicado: Tue Apr 26, 2005 10:20 am Asunto: Re: edno |
|
|
| pilar escribió: | hola...un placer leerte, me ha gustado.
saludos.
pili. |
El placer es mío, madame. Jejejeje. Gracias, Pilar o Pili |
|
| Volver arriba |
|
 |
Edno Azzuri ¨¨¨

Registrado: 08 Apr 2005 Mensajes: 64
|
Publicado: Wed Aug 23, 2006 4:59 pm Asunto: Re: A UNA MUJER APASIONADA |
|
|
| Edno Azzurri escribió: | A UNA MUJER APASIONADA
Querida mía:
Ahora que ha pasado un tiempo desde que decidí que ya no podía vivir contigo, me siento con fuerzas para escribirte esta carta.
La culpa la tiene ese apasionamiento tuyo por todo, esa pasión desbordante con la que emprendías cualquier empresa, por nimia que fuera. Coleccionabas porcelana de Sargadelo, “affiches” viejos de programas de cine, zapatos de tacón de aguja – aquí he de decirte, que entre otras cosas, eso si que lo echo de menos – o cualquier otro asunto, con un apasionamiento que rozaba lo obsesivo. Si preparábamos un viaje tú lo hacías con la precisión de un relojero, me consultabas todos los detalles, calculabas milimétricamente el consumo de gasolina del coche, los libros que deberíamos llevar con nosotros, las toallas, la ropa necesaria; en fin, todo. Incluso una cita con amigos comunes para una cena banal era para ti un propósito que te exigía la meticulosidad del entomólogo.
Ya sé, tu misma lo has dicho muchas veces y yo siempre lo intuí, que cuando nos conocimos – aquella noche en aquella fiesta de navidades, yo no podía apartar mi mirada de ti, de esos hombros dibujados al carboncillo, de ese perfil de pájaro de tu cuello. No podía.- tu te apasionaste como si fuera la vez primera que te enamorabas. Intenté, en muchas ocasiones, en sitios distintos, hacerte comprender que nos separaba un tiempo que acabaría por dañarnos – yo acababa de cumplir cuarenta y siete años y tu estrenabas la treintena – hacerte ver que yo estaba acostumbrado a vivir solo, que era un maniático de todo lo mío, de mi egoísmo, incluso de mi inseguridad para cumplir contigo en la cama. Pero nada servía, me desbordabas continuamente con tu risa preciosa, con ese entusiasmo que ahora te reprocho y asentí a todas tus proposiciones: a vivir juntos, a cederte un sitio en mi soledad, a esforzarme en la cama por encima de mis posibilidades físicas. Es cierto, que todo aquello tuvo algo bueno, me sentía vivo con todas esas cosas tuyas, me sentía bien en definitiva.
Cualquiera me tomaría por un hombre dichoso, por alguien que ha alcanzado la felicidad o al menos la ha rozado. Cualquiera, y tal vez deba ser así, pero esa pasión tuya, ese apasionamiento acababa por debilitarme, era como si tu pasión ante cualquier cosa me robará mis escasas fuerzas, mi poca disposición a emprender cualquier tarea. Yo siempre fui apático, conformista, poco exigente ante todo. Soy de los que deja hacer al destino sin poner demasiadas trabas, de los resignados pero tenía un grado de pudor que me impedía dejar de acudir a mis citas, olvidar mis amigos, incluso respirar. Al principio tu pasión fue, incluso, buena. Para alguien que roza la holgazanería tú eras una excusa para abandonarme aún más, dejaba en tus manos, con la seguridad de que harías lo justo y necesario, casi todos nuestros asuntos, casi todos mis asuntos.
Pero, querida mía, tu pasión acabo por dejarme exhausto por simple empatía. Cuando tu iniciabas alguna nueva tarea, yo, automáticamente, buscaba un rincón donde refugiarme, desde donde observarte ir y venir, entrar y salir, con esa facilidad para no cejar nunca. Si, tu apasionamiento acabo con lo nuestro. Al principio, mientras dormías, observaba la curva de tus pechos, el mohín infantil de tus labios, la forma en que cerrabas los puños o el desorden de tu pelo sobre la almohada. Aquello me servía para afianzarme a ti, para no huir de tu entusiasmo. Oír el sonido de tu respiración evitaba el naufragio que preveía, hacerte el amor era un ancla que me ataba a ti. Me gustaba cuando cansada de maquinar decidías sentarte a leer, contemplaba tus posturas, la forma de mover los ojos, de pasar las páginas, de mover los labios – eso lo hacías cuando no comprendías algo, como si por el hecho de leer en voz baja te hiciera comprender el texto, aunque lo negases con vehemencia. Me gustaba tu risa, la forma en que enseñabas tus dientes y arqueabas el labio que era cuando más niña eras, cuando más te amaba.
Te dije muchas veces, habían transcurrido algunos meses, que debías serenarte, calmarte. Tu no lo entendías y yo te explicaba que aquel ajetreo tuyo ante cualquier cosa, me dejaba roto, sin fuerzas para nada. Pero te reías, reías y me decías que estaba viejo, que me volvía loco. Tal fuera verdad, después de todo y el problema fuera sólo mío. Sentía que me alejaba poco a poco y no podía hacer nada. Acumulabas tarea tras tarea, miedosa de quedarte sin perspectivas de futuros esfuerzo, buscabas cualquier excusa para apagar aquel arrebato y yo, que anhelaba los tiempos en que desfallecías, enmudecía, retraído ante tu fuerza. Me obligabas, entonces, a sentarme a la mesa y escribir, sin importar que fuera bueno o malo, sin importar mi falta de ganas, mi abulia. Me animabas como una forofa, como una admiradora, pero sólo era una exigencia para que fuera más como tú que como yo mismo.
No ocurrió de repente, estas cosas gozan de las cualidades pacientes de la geología, pero los dos nos dimos cuenta de que nos acercábamos al final. Como siempre tu fuiste más valiente que yo, más dispuesta y una tarde, cuando llegue a casa ya tenías empaquetadas tus cosas. Lo supe incluso antes de abrir la puerta, un pálpito, algo, me dijo que te ibas. Ver las maletas ocupando el descansillo sólo fue la confirmación del fracaso. Comencé a echarte de menos desde momento y comprendí que, de nuevo, acababa de naufragar.
Ahora, desde esta isla imaginaria que es la mía, puedo añorarte y desearte, de hecho lo hago más de lo que puedas imaginar, pero tu aquí te aburrirías enseguida es una isla pequeña con pocos alicientes, pero, curiosamente, yo siempre naufrago en ella. |
|
|
| Volver arriba |
|
 |
Radelassi ¨¨¨

Registrado: 11 May 2004 Mensajes: 145
|
Publicado: Tue Sep 26, 2006 9:55 am Asunto: |
|
|
Hola "Cazzurri":
Un placer comenzar el día rastreando y leyendo algo reflexivo, inteligente.
De lo de los problemas de la edad para qué hablar, donde las dan las toman. De lo de las islas, por lo tanto, uno también sabe lo suyo, y de treintañeras, no tanto aunque no por falta de ganas, que sí que me gustaría tener alguna que me coleccionara, pero con delicadeza, o que me fuera a visitar de vez en cuando a la isla; sí, en época de vacaciones al menos. La de ambos, naturalmente.
Un abrazo.
Radel. |
|
| Volver arriba |
|
 |
|
|
Puede publicar nuevos temas en este foro No puede responder a temas en este foro No puede editar sus mensajes en este foro No puede borrar sus mensajes en este foro No puede votar en encuestas en este foro
|
Powered by phpBB © 2001, 2005 phpBB Group
|