Foros de discusión
Foros de discusión
Bitácoras
Café de Artistas
 
 FAQFAQ   BuscarBuscar   MiembrosMiembros   Grupos de UsuariosGrupos de Usuarios   RegistrarseRegistrarse 
 PerfilPerfil   Entre para ver sus mensajes privadosEntre para ver sus mensajes privados   LoginLogin 

SALASDEBERRY (2ª PARTE)

 
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión -> Edno Azzurri
Ver tema anterior :: Ver tema siguiente  
Autor Mensaje
Edno Azzuri
¨¨¨
¨¨¨


Registrado: 08 Apr 2005
Mensajes: 64

MensajePublicado: Mon Oct 17, 2005 11:13 am    Asunto: SALASDEBERRY (2ª PARTE) Responder citando

Mire la casa, con cierta distancia, antes de llamar. Una hermosa verja de hierro forjado, solidamente anclada en un murete de piedra blanquecina. Un jardín bien cuidado y algo tristón por los árboles desnudos por el frío. La casa al fondo, de dos plantas, una caja rectangular con pequeños balcones en el segundo piso. Un palacete de finales del diecinueve, donde la burguesía se retiraba en aquellos veranos antiguos en los que el mar sólo era visto como despensa.

Pulsé el interruptor y con un zumbido se abrió la puerta del jardín. Me estaban esperando. Recorrí el caminillo de pizarra aspirando el aroma intenso del brezo y de la tierra mojada por la lluvia. La puerta de entrada a la casa se entreabrió y apareció un hombre joven, alto y delgado. Tenía el pelo muy negro, peinado hacia atrás y era de esos hombres que necesitan afeitarse dos veces al día.

- Buenos días.- estreché la mano que me tendía- soy Julio Beltrán, el secretario del señor Salasdeberry.
- Encantado.

Le seguí por un pasillo hasta su despacho, enorme y luminoso. Me había imaginado una decoración clásica pero estaba equivocado. Julio Beltrán trabajaba en un ambiente moderno: una mesa alargada de madera clara y metal, un portátil, un pequeño equipo de música y como una concesión al clasicismo una pequeña mesa oscura y dos sillones rojos “chester”. En esos sillones nos sentamos y dije no a su pregunta sobre sí quería tomar algo. Se disculpó un momento y me dejo sólo. En las estanterías se mezclaban los libros de derecho y economía con novelas, sobre todo de autores ingleses y en su idioma original, algún ejemplar de poesía contemporánea y, con satisfacción, pude ver las mías debidamente manoseadas. Una de las cosas por las que valoro a los hombres es por lo que poseen y la forma en que lo hacen y Julio Beltrán poseía una biblioteca, exceptuando los libros técnicos, de la que yo me hubiera sentido satisfecho. Impulsado por mi curiosidad eché un vistazo a la mesa. El portátil apagado, una agenda abierta en la fecha con mi cita, la única que había mantenido sin tachar pues todas las demás aparecían canceladas con un trazo rojo, otra agenda con un billete de avión de las líneas aéreas tailandesas entre sus páginas, una tarjeta de una clínica de nombre Prosalud y una pluma Montblanc de plata. Oí pasos desde el pasillo y regrese a mi butaca.

- Tiene una buena biblioteca- le dije- incluso mis dos novelas.
- Si, las leí cuando supe del interés del señor Salasdeberry. Me gustaron pero jugaba usted con ventaja, yo leo siempre su artículo de La Voz de la Mar.
- Se lo agradezco.
- Tenemos un problema, ayer don Eduardo fue ingresado en la clínica Prosalud. , Nada grave, pero su médico insistió en que permaneciera allí un par de días. He intentado localizarle pero me ha sido imposible aunque le he dejado un mensaje en su contestador.
- Nunca lo oigo, ni siquiera sé porque tengo un contestador. Bien, espero que se mejoré don Eduardo- me levanté- ¿usted no sabe que quiere de mí?, en la carta no me decía nada, sólo que quería hablar conmigo sobre un negocio rentable para ambas partes
- Siéntese, por favor. Lo que quiere don Eduardo es que un profesional escriba su biografía. Siempre ha sido un hombre reservado, introvertido, poco amigo de salir en revistas o programas de televisión y, ahora, ha decidido y citó sus palabras textuales “que su legado como persona, como marido y padre y como empresario no se pierda”.
- Pues es una pena porque ni sé escribir biografías ni he leído jamás ninguna. Beltrán le puede usted decir a don Eduardo que no estoy interesado en escribirle su biografía y que se mejoré.- volví a levantarme, esta vez con decisión y Julio Beltrán lo hizo al mismo tiempo- Ha sido un placer conocerle.
- Igualmente, de todas formas si no es mucho pedir me gustaría que, cuando don Eduardo volviese a casa, hablase con él.
- De acuerdo pero sobre lo de la biografía no cambiaré.


Me acompañó hasta la cancela del jardín y al despedirnos me pidió el número de móvil, dando por hecho que yo tenía un móvil.

- Lo siento, Beltrán, hace tiempo que lo dejé.


Volví caminando despacio porque no tenía nada mejor que hacer que pensar bajo una lluvia tímida, que se asomaba a ratos. Lo primero que haría al llegar a casa sería desconectar el contestador, un invento inservible, al menos para mí, que ni sabía como había llegado a mi casa. Luego, pensé acerca de los móviles. Odio los móviles. Vivimos en un país en el que, primero los famosos y después cualquier mindundi, se permite el lujo o la desvergüenza de aparecer en la televisión para contarnos sus miserias, sus deseos o sus anhelos sin pudor ninguno. Lo mismo sale el actorcillo que el empleado de la gasolinera, pidiendo, suplicando y rogando a cualquier rubia oxigenada que vuelva a su lado. ¡Una vergüenza!. Y si a eso añadimos que la intimidad de una conversación telefónica, que hasta la aparición de los celulares se atendía dentro de la casa de cada uno, se ha convertido en algo público, cuando no pregonado –hay gente que habla por su móvil como si en lugar de un aparato de alta tecnología tuviera un cucurucho de papel- así cualquiera puede oír la conversación pueril de algún tipo en sitios como la calle, un restaurante o un bar, el cine o el teatro, ¡joder! sí como me dijo una de las chicas del Blue Dancing que un cliente en plena coyunda atendió la llamada de su mujer y se puso a hablar de las anginas de su hijo sin dejar de empujar en ningún momento. Si alguien tiene verdadero interés en hablar conmigo que insista, que insista, como hemos hecho hasta hace cuatro días.


“Así que una biografía era el negocio”, me dije, cambiando el tercio. También pensaba en por qué no era capaz de obtener ningún dato sobre el tal Salasdeberry, don Eduardo como decía Julio Beltrán. Llamaría a Madrid si en la redacción de La Nación no le daban más datos lo olvidaría. Sabía de muchos compañeros que habían accedido, figurando unas veces y otras no, a escribir biografías, sobre todo gente del famoseo pero era la primera vez que alguien me lo proponía a mí. La única que había leído en toda mi vida, recomendada por un amigo, fue la del actor George Sanders y me parecía tan buena y personal que jamás me embarcaría en algo así. Ni por todo el dinero del mundo.


Después de comer llamé a los archivos de La Nación, saludé a unos cuantos conocidos y expliqué lo que quería. Me llegaría por correo electrónico cuanto antes. Empezaban a acumularse las comidas debidas a la gente del archivo. Me dormí justo cuando empezaba a tronar y el cielo parecía haberse roto en un aguacero tropical.


Dormí más de la cuenta y la luz parpadeante de mi cuenta de correo inundaba la penumbra del salón. Encendí las luces, abrí el correo y empecé a leerlo. Para no cansar diré que era la misma ficha, con algunos datos más sin importancia, que tenían en La Voz del Mar. La última intentona, algo que podía permitirme muy de vez en cuando pues era un recurso que podía agotarse fácilmente, sería llamar a Benjamín Otero, comisario en Valencia y buena persona. Le deje al policía que cogió mi llamada mi número para que el comisario Otero me devolviera la llamada.

¿Por qué un empresario de éxito durante décadas, un prohombre en el franquismo y un reputado demócrata después, no tenía ningún dato de importancia en los periódicos?, me intrigaba y me molestaba porque no era algo habitual. Aquello que me había sugerido Mario de la relación de Salasdeberry con los rusos, ¿tendría algo que ver?.

Como tenía el frigorífico y la despensa vacíos llamé a mi amigo Serguei, que además de letón regenta un restaurante ruso de nombre Riga y tiene un vodka a la pimienta único. No estaba él pero hablé con su mujer Alina, una moscovita impresionante, cuadrada y fuerte como un tanque soviético. Nos alegramos de oírnos y dije que iría a tomar algo sobre las nueve. Supongo que el inconsciente y el comentario “off the record” de Mario sobre las conexiones rusas de Salasdeberry me habían dirigido a Serguei. Me apetecía cenar una sopa borsh y unos blinis de salmón y carne, pero no me apetecía hacerlo sólo, así que subí a invitar a Claudia. Aún me duraba la sensación de trampa de sus besos en el portal y quería que la trampa se abriese definitivamente y me tragase entero. Llamé varias veces pero los timbrazos recorrían la casa y volvían a mi vacíos. No estaba.

Mientras conducía vi a Puri caminar por el paseo. Frené a su lado y sonrío cuando me reconoció. Había hablado con ella varias veces después de nuestro encuentro pero siempre de una forma rápida y casual.

- ¿Te invito a cenar?
- Vale


Entro en el coche sin pensárselo dos veces y me estampo un sonoro beso en la mejilla. Me gustaba la forma de hacer las cosas de esta mujer, sin ambages, haciendo lo que le pedía el cuerpo. Atravesamos Bellaterra y comenzamos a subir la carretera en dirección al Riga.

- ¿Adónde me llevas?- dijo.
- Al restaurante de un buen amigo, comida rusa, ya veras.
- ¿Iré bien así?
- Perfecta, estas perfecta- no mentía, llevaba un jersey blanco que resaltaba con el moreno de su cara, el pelo rubio y la turbidez de sus pechos.
- Me alegro, hace tiempo que no salgo a cenar por ahí con un hombre.
- Eso es porque no quieres, Puri.
- No, eso es porque en este pueblo ya no quedan ni hombres.
- Hoy he conocido a uno interesante, un tal Julio Beltrán, ¿le conoces?
- Si, el secretario del ricachón ese de las Villas, muy estirado para mí. Le he visto alguna vez por ahí. ¿De que le conoces tú?- me pregunto.
- Su jefe, el ricachón, quiere que le escriba una biografía.
- Ah- aquello le interesaba tanto como lo que había hecho el nasdak en Wall Street esa mañana- ¿Qué tal con Claudia?.
- Bien, anda liada con lo de la tienda, con eso de la inauguración del próximo sábado. Es una buena chica, rara pero maja.
- No es rara, Salva, nada rara. ¡Que poco entendéis a las mujeres! ¿Me guardas un secreto?- dije que si- Vale, pues ahora en la cena te cuento lo de Claudia.


Cuando aparqué el coche y bajamos, Serguei me esperaba con una la sonrisa de los hombres satisfechos, en la puerta del Riga.





---------------------------------------------------------------------------------

"Querido mundo, me marcho porque estoy aburrido, siento que he vivido demasiado, te dejo con tus preocupaciones en esta dulce cloaca. Buena suerte". de la biografía de George Sanders, gran actor inglés. 1906 - 1972
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
BELISAR
¨¨
¨¨


Registrado: 31 Aug 2005
Mensajes: 28

MensajePublicado: Mon Oct 17, 2005 11:31 pm    Asunto: Responder citando

Hola Azurri.

Como en las anteriores entregas te tengo que decir que bien, muy bien. A mi modo de ver opino que algunas veces pecas de apocopar en exceso las frases, pero es mi opinión, sin duda el efecto es satisfactorio.
Me gustaría observar algunas cosas que no me cuadran, no digo que estén mal empleadas, pero las vería mejor de otra manera. Son unos pocos ejemplos recogidos en los primeros párrafos, a lo largo del texto hay más pero como son apreciaciones personales y puede que sea tu estilo y tampoco me voy a pasarme todo el texto criticándote, te dejo estas pocas y ya está. Ahí van:

"Mire la casa, con cierta distancia..."

"...hacia atrás, (y) era de esos hombres que necesitan..."

"...una mesa alargada de madera clara y metal,"


Que conste que me gusta la historia y engancha. Los finales están bien ligados y mantienen el interés, cosa que se agradece.

Belisar
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado Enviar email MSN Messenger
Edno Azzuri
¨¨¨
¨¨¨


Registrado: 08 Apr 2005
Mensajes: 64

MensajePublicado: Tue Oct 18, 2005 9:48 am    Asunto: Responder citando

Pues nada, Belisar, que, seguramente, llevas razón en todo y te agradezco tus "apuntes".

Intentaré mejorar en las futuras entregas.

Gracias y un saludo,

Edno
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
Radelassi
¨¨¨
¨¨¨


Registrado: 11 May 2004
Mensajes: 145

MensajePublicado: Fri Oct 21, 2005 10:12 am    Asunto: Responder citando

Hola Edno:

Pues nada, lo que he dicho otras veces: Muy bien esto.

El lenguaje es coloquial y algunas veces corres "riesgos" innecesarios con la sintaxis precisamente por esforzarte en que sea eso, una historia contada coloquialmente. Personalmente opino que merece la pena correr esos riesgos si el resultado es satisfactorio, y aquí lo es sin duda. ¿Hay quién lo ponga en duda? ¡Ah, bueno! jejejeje

Mira en el párrafo donde dice: "Tenía el pelo muy negro, peinado hacia atrás y era de esos hombres que necesitan afeitarse dos veces al día." Creo que donde pones el "... y era..." sería más efecitivo sustituir la conjunción por una coma. Me parece que el amigo Belisar se refería a algo de esto un poco más arriba. Es mi parecer, luego tu haz lo que te salga de ahí, porque para eso es tuyo el engendro... jejeje

Saludos.

Radelassi.
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
Mostrar mensajes de anteriores:   
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión -> Edno Azzurri Todas las horas son GMT + 2 Horas
Página 1 de 1

 
Cambiar a:  
Puede publicar nuevos temas en este foro
No puede responder a temas en este foro
No puede editar sus mensajes en este foro
No puede borrar sus mensajes en este foro
No puede votar en encuestas en este foro


Powered by phpBB © 2001, 2005 phpBB Group