
El Jugador
por Arrecia
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El
azar era, para Dostoiwvski, la supeditación de la voluntad, del amor, de la
vida y del futuro a la suerte incierta de un juego: la ruleta
Fedor
Dostoievski, en su obra “El Jugador”, no sólo traslada, como si de un fotógrafo
se tratase, sus experiencias con el juego, sino que intenta, con ella, liberarse
de un dolor frenético que le corroe intensamente. Reconstruye en sus páginas
los recuerdos de una vida que le obsesiona. Sólo así consigue liberarse del
infierno en el que había convertido su existencia alrededor del año 1866,
fecha en la que escribió y público esta interesante novela.
También
“Recuerdos de la casa de los muertos”, o “Los Hermanos Karamázov”, son
letras que emergen, igualmente, de los fantasmas tortuosos de una infancia con
un padre alcohólico y tiránico en la primera; y de su destierro en Siberia por
cuestiones políticas en la segunda. Sólo cuando consiguió controlar y
convivir con esa parte, aterradora, de su existencia, logró una madurez
personal que hizo posible que nos legara dos de sus grandes obras maestras:
“El idiota” y “Los endemoniados”.
“El
Jugador” es una novela obligada. Quiere esto decir que, aún habiendo pensado
en escribirla en años precedentes, fue el contrato que suscribió con una
publicación literaria la causa que le obligó a comenzarla y entregarla quince
días después, todo un record literario que en nada desmereció la brillantez
de ésta novela corta.
Cuando
escribe esta obra, Dostoievski tiene cuarenta y cinco años y su situación económica
no solo era extrema, sino desesperada. La muerte de su hermano mayor le obligó
a hacerse cargo de su viuda y de sus cinco hijos, y a responder de las deudas
que éste había contraído. El año anterior, la revista que él dirigía,
“La Época”, se cerró por falta de medios. No solo desaparecía una fuente
de ingresos, sino que se añadían más débitos a los ya existentes. El único
recurso que le quedaba era aceptar trabajos literarios con fecha de entrega
anunciada. Nacen así, escrita entre los días cuatro y veintinueve de octubre
de 1866, “El Jugador”, y publicada en la revista literaria “El Mensajero
ruso”, la primera parte de
“Crimen y Castigo”.
EL
AZAR
El
azar era, para Dostoiwvski, la supeditación de la voluntad, del amor, de la
vida y del futuro a la suerte incierta de un juego: la ruleta. Brevemente reseñaremos
esos años que rememora en “El Jugador”.
En
1862 emprende un viaje a Europa y, camino de París, hace escala en Wiesbaden,
probando suerte con el juego. En 1863, inicia su segundo viaje por el viejo
continente en condiciones mucho más dramáticas que el anterior: su primera
esposa está gravemente enferma de tisis en San Petesburgo, y el escritor sufre,
cada vez más frecuentemente, crisis epilépticas. Pero este viaje no lo pospone
pese a la situación tan adversa que atraviesa, y se reúne en París con su
amante Polina Suslova. Juntos los dos, recorren Italia y en Badan-Baden, en una
de las ruletas, pierde todo su capital. Tras solicitar distintos préstamos a
sus amigos en Rusia y a los compatriotas que hay en la ciudad, además de empeñar
el reloj él y el anillo ella, puede regresar a Rusia.
Fallecida
su primera esposa, en 1865, muerto también su hermano Mijail, vuelve
a reencontrarse con Polina en Wiebaden, y pierde todos sus ahorros en
cinco días. Su amante le abandona definitivamente.
Esto
es parte de lo que refleja en su obra. Alexi Ivánovich, el protagonista de
“El Jugador”, es, básicamente, el alma atormentada de Dostoievski. Pero
también es un acertado retrato de gran parte de los rusos que viven en el
extranjero: extravagantes, apasionados, orgullosos, ridículos, degradados en
muchos casos.
Quiero
hacer mención a un personaje extraordinario de ésta novela, que es “Babulinika”,
anciana rusa cuya herencia, en vida, intentan distribuirse sus herederos. Un día
decide probar ese frenesí de la ruleta, del que tanto le han hablado. Y en un
solo día pierde toda su riqueza. Nada tenían ya de que preocuparse sus
herederos.
Y
ese atronador demonio que es el juego, que en estas páginas es el retrato de
una pasión que hace que hombres y mujeres olviden, hasta la dignidad, en el
azar de una ruleta.
Después de escribir “El Jugador”, recae, de nuevo ,en el juego, y ya casado por segunda vez, en abril de 1867, el matrimonio huye de Rusia por deudas contraídas por este motivo. Tras una lucha personal intensa, logra sobreponerse a esta tremenda adicción, muriendo el 28 de enero de 1.881 en San Petersburgo.
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