Pandora en El Congo

Albert Sánchez Piñol

por Marieta

 

               Pandora en el Congo” es la segunda novela de Albert Sánchez Piñol que se dio a conocer con “La piel fría” y fue un gran éxito de crítica, figurando en todas las listas de los libros más vendidos y ahora con esta segunda se confirma la calidad de este joven autor.

 

    Ambas obras se ambientan en parajes exóticos, la primera en el mar y esta segunda en la tierra aunque puede que Pandora en el Congo  posea una mayor complejidad estructural, lo que se ha dado en llamar juego metaliterario, que hace las delicias de los lectores amantes de aventuras, porque esta obra es ante nada una novela de aventuras, de aventuras modernas, que además incluye el relato dentro de otro relato, todo tratado con un finísimo sentido del humor, intriga e imaginación que ponen de manifiesto un poderoso dominio del lenguaje.

 

    Desde la primera página esta novela atrapa al lector: “Esta historia empezó con tres entierros y acabó con un corazón roto: el mío. En el verano de 1914 yo tenía diecinueve años y era medio asmático, medio pacifista y medio escritor. Medio asmático: tosía la mitad que los enfermos, pero el doble que los sanos. Medio pacifista: en realidad, yo era demasiado blandengue como para militar contra las guerras. Sólo estaba en contra de participar en ellas. Medio escritor: la palabra escritor es pretenciosa. Incluso cuando digo medio escritor exagero. Me dedicaba a escribir libros por encargo. O sea, que era un negro literario”.

 

    Y desde este inicio ya no puedes dejar la novela hasta final ya que las peripecias de este “negro” protagonista y narrador, Thomas Thomson, a la vez nos llevaran de sorpresa en sorpresa, de la selva más salvaje y abrupta, al Londres de principios del siglo XX.

 

    Sánchez Piñol inicia el relato con una visión retrospectiva; cuenta cómo Thomson llega al mundo de la literatura, evidentemente como negro, para subsistir, y en una sucesión de encuentros con otros negros literarios conoce a un abogado, Sr. Norton, quien le propone escribir la historia de un condenado a muerte por asesinato, con el fin de contribuir de manera definitiva en la defensa de dicho condenado.

 

    Thomson acepta el encargo y acude a la prisión donde Garvey le cuenta un relato que le obsesiona y le turba: el de su expedición al Congo en compañía de dos jóvenes aristócratas, hijos del duque de Craver, déspotas y engreídos, en busca de oro y diamantes. Pero lo que encuentran en la selva infinita y alejada de toda civilización es la entrada a un mundo subterráneo fascinante y a la vez aterrador.   

 

    Paralelamente a la trama de los preparativos de la expedición, la llegada al corazón de África y la situación de los personajes frente a la aparición de una civilización subterránea, los tecton, el autor nos va explicando la vida del protagonista Thomas Thomson.

 

    Así, el relato da varios giros; ya no se trata de rellenar esquemas facilitados por los firmantes de las obras baratas que hasta ahora el protagonista-narrador había llevado a cabo. No, ahora se trata de dar vida a una historia “real”, a una vida humana pendiente de la horca con el objetivo de poner de manifiesto la verdad de todo cuanto sucedió en el Congo durante esa difícil expedición.

 

    Sánchez Piñol conduce tanto el relato principal como el paralelo con una destreza impresionante, sin el menor desliz. Consigue la misma intensidad cuando describe el fantástico mundo sumergido bajo tierra de los tecton, como la pensión dónde vive Thomson con la casera, la Sra. Pinkerton, su tortuga sin caparazón, María Antonieta, y el otro huésped, el irlandés Sr. MacMahon.

 

    Las visitas a la prisión se van sucediendo y la narración del condenado a muerte va adquiriendo intensidad hasta el punto que Thomson se ve completamente imbuido por ese lejano mundo llegando incluso a sentir un profundo sentimiento por la mujer tecton que enamorara al joven condenado.

 

     En medio de tensiones máximas, de aventuras de ciencia-ficción y de situaciones fantásticas, Sánchez Piñol encuentra también espacio para dejar oír su propia voz incluyendo reflexiones como: “tenía que estar entusiasmado con la historia, sino no hubiera sido creíble” o: “Lo importante no es la verdad, lo importante es que la historia conmueva”. Aparte de las reflexiones de este tipo, también podemos encontrar especulaciones como: “La frontera entre la literatura y la industria literaria está en que la primera se mueve entre letras y la segunda entre números” (pag. 359) o bien establecer comparaciones poéticas: “Casi se podía oír cómo los libros hablaban entre sí” ,cuando compara el amor que el condenado siente por los árboles y el amor que el mismo Thomson siente por los libros.

 

    Puede que en algún momento acuda a la mente del lector reminiscencias del “Viaje al centro de la tierra”, de Julio Verne, o influencias de precedentes clásicos como Wells o Lovecraft, extremos que el mismo Sánchez Piñol no niega, incluso admite la influencia que Conrad haya podido ejercer en él. Pero eso no resta ningún mérito a esta extraordinaria obra.

 

    Solamente añadir que “Pandora en el Congo” es de esas novelas que no pueden dejarse, que en ella encontramos diversión y entretenimiento a la vez que reflexión sobre la condición humana, humor y sorpresa hasta la última página.      

 

     

 

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ALBERT SÁNCHEZ PIÑOL (Barcelona, 1965) es antropólogo y escritor. Su primera novela, “La piel fría” fue un enorme éxito de crítica y de público. Es también autor de una colección de relatos, “Pallasos i monstres” y del ensayo “Les edats d’or”.

 

 

 

 

 

      

Marieta.