
Pecados sin cuento
por Pepé
![]()
Richard Ford, maestro indiscutible en las distancias cortas, refleja el desencanto de las relaciones humanas, el miedo que nos regala la juventud cuando nos abandona, la continua lucha de los seres humanos por alcanzar la felicidad, por atraparla y tratar de que permanezca a nuestro lado para siempre.
Tras leer los diez relatos que integran este “Pecados sin cuento”, queda una profunda sensación de desencanto, de desengaño personal y colectivo, de melancolía, de derrota. Una especie de derrota irrevocable, resignada, con un sabor ácido. Queda el convencimiento, más o menos drástico, más o menos radical, de que ya no es posible cambiar el rumbo de las cosas, el azar, ese destino que misteriosamente, desde no se sabe qué lugar, maneja nuestras vidas. En medio de esos cambios enigmáticos, queda sin embargo, la certeza de que hay que sobrevivir, como sea, salir adelante, agarrarse a la vida, sin demasiada protección, sin demasiadas ayudas, y continuar el camino, sin hacerse muchas preguntas, sin excesivos planteamientos. Y queda, en palabras de la madre, “Resignación”, una mujer a la que abandona su marido por un hombre y tuvo que rehacer su vida como mejor supo, como mejor pudo, una frase antológica rotunda, una manera de posicionarse en el mundo: “Tanto daba lo que hiciera o cómo viviera, y que hacer lo peor, al fin y a la postre, no se diferenciaba en mucho de hacer lo mejor”. Todas esas cosas insólitas, inesperadas, dulces o amargas, que ocurren con la misma naturalidad que las cosas normales y corrientes, esas con las que ya contábamos, por las que ya esperábamos.
Habla también Ford de la intimidad. De la intimidad de las parejas que, por unas causas u otras, se rompen, se destruyen, se aniquilan; de la intimidad de los ex amantes que, a pesar de todo lo negativo que pudieron haber vivido en el pasado, se encuentran de nuevo en el silencio, en medio de la noche, en mitad de ninguna parte, huyendo de la soledad. Y de la infidelidad, que, tanto en este libro de relatos como en otros del mismo autor, viene a ser la piedra con la que tropezamos una y otra vez, sin remedio, como si al hacerlo nos renovásemos por dentro, como si fuésemos capaz de detener el tiempo, como si al chocar de nuevo las angustias se estrellasen también; en definitiva la infidelidad se presenta como una huída de todo, de todo lo negativo que deberíamos ir dejando atrás.
Todo esto y mucho más se extrae de las páginas de “Pecados sin cuento”, todo relatado de un modo tan hermoso como las extrañas, misteriosas y bellas imágenes de esas dos mujeres – la que se desnuda en la penumbra de su habitación y la que se cae lentamente sobre la nieve – que pasan fugazmente por dos de estos relatos y que se aferran con intensidad a nuestra memoria.
Pecados sin cuento
Richard Ford
Anagrama
![]()